Aurora de Penàguila

dilluns, de gener 03, 2011

Suscinta Memoria Segundo Centenario de la Virgen del Patrocinio III (Colabora Joan Micó)

Descripción de los Festejos
Día 19 de Septiembre de 1983



Poco podemos decir de la mañana y tarde de este día. Todo se redujo a lo ordinario; es decir, a cantar la misa a canto llano, al sermón que predicó D. Francisco Navarro, Cura de San Mauro de Alcoy y a las vísperas de la tarde. Con esto cree nuestro amigo haber llenado el expediente, pero a buen seguro que no habrá quedado muy satisfecho en su interior, de los festejos dedicados a la que siempre fue su predilecta.Tócale el turno a D.ª Joaquina Agulló viuda de Cabrera, a la hora que en el reluciente Febo toca su ocaso; a esa hora en que el tinte oscuro del crepúsculo vespertino tiende su manto por le horizonte, y esta señora que no quiere le aventaje nadie en cariño hacia nuestra Estrella Luciente, ha preparado su fiesta de modo que no sea lo de siempre; quiere haya algo que manifieste a los vecinos se trata de honrar a la Virgen, en grado más alto a como venimos haciéndolo todos los años, y al efecto; al toque de las oraciones un vuelo general de campanas y los acordes de la música que recorre las calles de la población, son el preliminar de la fiesta que nos ocupa.A las nueve como en noches precedentes, encendióse en la Plaza de la Iglesia el "foc" y entre campanas, la melodía de la música y el buen humor de los concurrentes a la velada, transcurría ella siéndonos muy agradable; más así como en todo concurso público, por graves y serias que sean las personas que lo forman, se dice que nunca falta una nota cómica, con sentimiento consignamos que en este festival tan alegre tuvimos que lamentar una nota triste. Cuando la velada tocaba a su fin, se le administró la Unición a una joven de esta villa residente en Alocy, que cinco días antes habiase trasladado a ésta llena de slaud y vida y en este momento lucha entre la vida y la muerte. Mucho impresionó a todos ver salir al Ministro del Señor llevando la salud espiritual a la pobre enferma, así que, en vez de tener por remate la velada el disparo de los consabidos cohetes, la gente fué retirándose triste, silenciosa y meditando sobre la inestabilidad de la vida humana