Aurora de Penàguila

diumenge, d’octubre 16, 2011

Novena de la Virgen del Patrocinio I


Virgen del Patrocinio

Patrona de Penàguila

La novena es un ejercicio de carácter religioso que tiene como finalidad alcanzar alguna gracia realizando la práctica religiosa durante nueve días de forma pública o privada. En muchas poblaciones consiste en los preparativos para celebrar las fiestas patronales del municipio ensalzando en oraciones a la imagen a la que va destinada.
Hay novenas dedicadas a Nuestro Señor, al Espíritu Santo, como también a la Virgen María o a los santos. La sucesión de nueve se referirse por lo general a días consecutivos (Ej.: nueve días previos a una fiesta). Pueden ser nueve días específicos de la semana o del mes (Ej.: nueve primeros viernes). Algunas novenas tienen una larga tradición asociada con la devoción a un santo o a una promesa recibida en revelación privada. (http://www.corazones.org/)
En el caso de Penàguila, la primera referencia escrita que encontramos de la Novena a la Virgen del Patrocinio, es en el pequeño libro confeccionado en 1853 por el padre Joaquín Ripoll y Fenollar. No obstante, en la actualidad es una práctica religiosa que se ha dejado de llevar a cabo en Penàguila de forma público, pero no a nivel particular.

De este modo, cada domingo de la semana se irá publicando un día de la Novena hasta alcanzar el noveno día, finalizando con los Gozos a la Virgen del Patrocinio.




NOVENA DE LA VIRGEN DEL PATROCINIO





INDULGENCIAS

Por varios ilustres señores obispos se hallan concedidas a todos los fieles devotos de esta portentosa y peregrina Imagen de María Santísima del patrocinio de la Villa de Penáguila las siguientes:

Por una Salve, seiscientos sesenta días. Por una Ave María, cuatrocientos  veinte. Por decir Ave María sin pecado concebida, ó Ave María gratia plena,  doscientos ochenta. Por cada verso de la letanía Lauretana, doscientos ochenta. Por cada expresión que usa la Iglesia en celebrar a esta dulce Reina, dos cientos cuarenta.

OTRAS CONCEDIDAS A SU PRECIOSO

y dulce Hijo Jesús.

Por un Padre nuestro ó Credo, doscientos ochenta días. Por cada verso del Miserere, doscientos cuarenta. Por decir Alabado sea el nombre de Jesús, ciento  sesenta. Por invocar su dulce nombre, ciento veinte. Por decir Jesu tibi sit gloria, etc. ciento sesenta. Por cada expresión de la Iglesia, celebrando el nombre de jesús, cuarenta.

Consta todo de sus decretos, que paran en el archivo del reverendo clero de dicha villa, a que me refiero.



            Han de tener la Bula de la Santa Cruzada.



NOTA



            Don Francisco Fenollar, capitán de los reales ejércitos del Señor Felipe IV Rey de las Españas, hijo dignísimo de la antiquísima Villa de Penáguila, situada en el reino de Valencia, deseando enriquecer a su amada patria con el mejor tesoro de los cielos, la remitió la milagrosa imagen de María Santísima, que hoy se venera en ella con el piadoso título del PATROCINIO, desde los confines del reino de Nápoles, donde la liberó del furor de los turcos, que tiranamente los invadían, según lo refiere la historia que se conserva en el archivo del reverendo clero de dicha villa; que consta que dicha imagen fue conducida por el mar, que se admiró tranquilo en una furiosa borrasca, que amenazaba el total exterminio de los navegantes con implorar el auxilio de este peregrino Simulacro, que felizmente los guió, y aparto a la ciudad de Denia, de donde fue conducida a Penáguila, cuyos moradores, entre otros beneficios que recibieron de su piedad, celebraron la libertad de una infeliz mujer que se hallaba poseída por el demonio, en el mismo día en que la santa imagen fue trasladada a la Iglesia mayor, en la que se mantuvo sin culto ni veneración por algunos años, colocada en el pavimento de una capilla, en la misma arca en que fue remitida, hasta que fue sacada en procesión general a instancias de un venerable eclesiástico, llamado mosen Pedro Pascual, que viendo anegada a las gentes en mares de tribulaciones por la sequedad de los campos, ríos y fuentes, que lastimosamente lloraban, sin que bastasen las rogativas que se hicieron a algunos santos, predijo el deseado riego de los cielos, usando en una junta general la siguiente expresión: Señores no se cansen en hacer rogativas, que no lloverá hasta que saquemos en procesión a la Imagen de Nuestra Señora, que está olvidada de todos en aquella capilla; cuyo presagio se cumplió efectivamente en el mismo día y hora en que salió la milagrosa Imagen de María Santísima en procesión. Este suceso maravilloso impelió poderosamente a todo el pueblo a que se le diese pública veneración en el año 1660, y que se colocase después en una magnífica capilla que devotamente se le construyó, en cuya obra se admiró el convertirse en inopinadamente las piedras en cal, que no esperaban de un horno que se fabricó, suspenderse los peñascos, que precipitados de la cumbre de los montes, amenazaban la muerte a los que prevenían los cantos para la capilla, librarse de un peñón formidable uno de los operarios, que por si acaso se cambió de lugar: con otros sucesos admirables, que por evitar prolijidad omito.



            Esta Novena resolví autorizarla con los elogios, encomios y epítetos con que celebra el Espíritu Santo las virtudes, gracias, glorias y grandezas de María Santísima en el capítulo 24 del eclesiástico, apropiando uno de los símbolos en la oración de cada día, para que los oradores evangélicos del suntuoso y plausible Novenario que anualmente celebra dicha villa, puedan determinarse a una idea que sea fija, de gusto y provecho.



            En todos los meses del año se puede hacer esta novena para que las almas recojan y disfruten los saludables frutos que abundantemente franquea por todos los meses el árbol de la vida María Santísima, Señora y Madre Nuestra, pero especialmente se practicará cuando la Iglesia celebre el real Patrocinio de esta Divina Princesa, dando principio o concluyendo el Novenario en el mismo día de la festividad, en que se gana indulgencia plenaria confesando y comulgando, y asistiendo a la misa mayor.



            Esta Novena está dispuesta de suerte, que se pueda hacer a todas las imágenes de la Reina de los cielos con todos los títulos que venera el pueblo cristiano para conseguir su amparo, favor y soberano auxilio, y cuando por algún impedimento no se pudiere celebrar, se realizará la Salve cinco veces por nueve días, que todo lo recibe amorosamente la Madre de nuestro Dios; y primero faltará el cielo y la tierra, que falte esta esclarecida princesa a todos los que la invocan con fina voluntad.