Aurora de Penàguila

diumenge, de novembre 27, 2011

Novena de la Virgen del Patrocinio VIII


SÉPTIMO DÍA



            Dignísima Virgen María, puerta brillante del cielo, piedra preciosa de los desiertos de Oreb, monte eminentísimo de perfección, preparado sobre la cumbre de todos los montes para dignísima casa del Señor, exaltada sobre todos los collados, a donde recurren todas las gentes y encuentran la salvación con más seguridad que en el monte Sión, que sanando todas las dolencias y enfermedades con la virtud curativa y medicinal que el Señor te infundió, apareces como Cinamomo y bálsamo de los cielos, que lo sana todo, y resguarda de todos los males, y de la misma muerte: vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos, y curad, reina clementísima, todas las dolencias, achaques y enfermedades de nuestros cuerpos y almas para que todos confiesen que sois la salud y vida de las criaturas, la esperanza de nuestras dichas, el depósito de nuestras gracias y el desempeño de nuestras glorias. Y te pedimos, con la mayor humildad que socorras a los miserables pecadores, fortalezcas a los débiles y pusilánimes, consueles a los que lloran desvalidos, ruegues al Señor por todo el pueblo cristiano, supliques por el estado eclesiástico, e intercedas por le devoto sexo de las mujeres; y en fin Señora y amantísima Reina nuestra, franquea benignamente tus divinas misericordias a todas las criaturas, para que admiren la grandeza de tu clemencia, y conozcan claramente por los efectos tu altísima protección, que rodas las cosas obedecen a tu mandato, se rinden a tu imperio, sirven a tu potestad, que no hay cosa alguna que pueda repugnar a tus fuerzas, que se puedan resistir a tu gran poder, que tu alteza real todo lo puede sin trabajo alguno, que se alcanza todo el bien que podemos desear al impulso de tu voz, que tu misericordia es universal y no se niega tu favor a quien lo desea con fina voluntad; y favorecidos de tu Patrocinio en esta vida, te demos después las gracias en el Palacio real y eterno de la gloria. Amén.