Aurora de Penàguila

diumenge, de desembre 04, 2011

Novena de la Virgen del Patrocinio IX


OCTAVO DÍA



            Dulcísima Virgen María, vaso admirable de divinas virtudes, obra singularisísima del excelso Dios, cumplimiento de la Santísima Trinidad y libro cerrado en que se leen las maravillas del Señor, que soltando los diques de tu clemencia con imponderable plenitud reciben y disfrutan todas las almas del abismo de tus misericordias en medio del templo del Señor, descubriéndote como Mirra  escogida, adornada y prevenida con otras especies aromáticas que celebra en ti el Espíritu Santo, significando la mortificación que practicaste con tu santo cuerpo, potencias y sentidos, que te mereció la mayor exaltación en la esfera de la gracia, y que se rindan a tu obediencia los cielos, la tierra, el infierno, y hasta el mismo Dios no pueda negarse a tus poderosas peticiones: te suplico esclarecida reina, emperatriz clementísima, divina reparadora del mundo perdido, corredentora admirable del linaje humano y única esperanza de los pecadores, que suspendes las iras de Dios cuando está resuelto a confundir a las criaturas y las pones a salvo con tu favor, que me libres de toda adversidad y fortalezcas mi corazón y alma, para que dignamente se ejerciten en aquellas mortificaciones voluntarias que más conducen para imitarte, asegurar una penitencia final y merecer la clara visita de mi Dios, y cuando mi alma se hallare conturbada y temerosa de comparecer en el recto y formidable tribunal del Altísimo, en donde mandas y no suplicas, te pido humildemente que te acuerdes de tu misericordia, y me valga tu Patrocinio santísimo para salir airoso de aquel lance terrible, de que depende una eterna felicidad y la dicha imponderable de verte con mi Dios en la gloria. Amén.